El camión



"Jesús se puso manos a la obra, intentando reparar los drones. Para su sorpresa, estaban muy bien diseñados y tenían una gran autonomía de vuelo. 'Estos debieron ser creados para el ejército', comentó mientras ajustaba los últimos detalles. 'Pero nunca llegaron a sus manos. Ahora son nuestra mejor herramienta.'

El dron que estaba en mejores condiciones lo utilizaron de inmediato. Subieron al tejado y lo pusieron en funcionamiento. Jordi y Julen, con sus habilidades para la tecnología, se encargaron de guiarlo desde el control remoto. La emoción de ver el dron volar les dio una pequeña sensación de normalidad en medio del caos.

Sin embargo, la sorpresa llegó cuando las imágenes del dron mostraron que los olfateadores estaban mucho más cerca de lo que pensaban. Junto a ellos, una jauría de perros deformados y lo que alguna vez fueron leones, ahora convertidos en bestias feroces, merodeaban por la zona.

'Papá', dijo Julen, con voz temblorosa pero firme. 'Ven y mira esto. Parece que están buscando vuestro olor. Tenemos que despistarlos hasta que estemos preparados para irnos.'

Aitor, sin perder tiempo, cogió la ropa que todavía olía a podredumbre y la colocó estratégicamente cerca de la casa, en la calle. Desde el tejado, observaron cómo las criaturas y la jauría se detenían, olisqueaban el aire y luego seguían buscando en otra dirección. El olor los había confundido de nuevo.

'Por el momento, estamos a salvo', dijo Aitor, mirando al grupo. 'Pero necesitamos un plan si queremos sobrevivir a largo plazo.'

Jesús, que seguía trabajando en los otros drones, levantó la cabeza. 'Estos drones podrían ser clave', dijo. 'Podemos usarlos para explorar rutas seguras, encontrar provisiones y, si es posible, localizar un vehículo que nos lleve al norte.'

Claudia, que había estado observando en silencio, se acercó. 'Pero no podemos arriesgarnos a salir sin estar completamente preparados', dijo. 'Necesitamos asegurarnos de que tenemos todo lo necesario antes de movernos.'

Aitor asintió, sintiendo el peso de la responsabilidad. 'Tienes razón. Vamos a hacer una lista de lo que necesitamos: provisiones, armas, herramientas y cualquier cosa que pueda ser útil en el camino.'

El grupo se puso a trabajar, sabiendo que cada minuto contaba. Mientras Jordi y Julen seguían monitoreando el dron, Jesús y Andrés revisaban las provisiones y las armas. Claudia y Ana se encargaron de preparar mochilas con lo esencial, mientras Aitor y Jesús discutían las posibles rutas hacia el norte.

'Tenemos que ser estratégicos', dijo Aitor, mirando el mapa que habían trazado. 'Si podemos encontrar un camión o un autobús, podríamos llevarnos a todos. Pero necesitamos asegurarnos de que el camino esté despejado antes de movernos.'

El grupo asintió, sabiendo que el camino sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos y con las herramientas adecuadas, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.
"Encontrar un vehículo en buenas condiciones parecía una misión imposible. Además, no solo necesitaban uno que funcionara, sino que también fuera lo suficientemente grande para caber todos los que estaban en el refugio. Una caravana grande o un autobús sería ideal, pero en un mundo donde todo estaba destruido, esa opción parecía más un sueño que una realidad.

'El otro reto es cómo circular por la ciudad', dijo Aitor, estudiando el mapa que tenían extendido sobre la mesa. 'Tenemos que atravesarla de punta a punta, y las criaturas están por todas partes. No podemos usar las autopistas convencionales; están bloqueadas y llenas de peligros.'

Jesús, que estaba revisando las imágenes del dron, se acercó. 'Quizás las autopistas de pago sean una opción', sugirió. 'Suelen estar menos transitadas, y si tenemos suerte, podríamos encontrar un camino más despejado.'

Aitor asintió, pero su expresión era de escepticismo. 'Sí, pero tampoco lo tenemos claro. Necesitamos más información antes de arriesgarnos.'

Con la ayuda del dron, el grupo decidió hacer un barrido por toda la zona para buscar la mejor opción. Jordi y Julen se encargaron de manejar el dron, mientras los demás observaban las imágenes en tiempo real en la pantalla.

'Allí', dijo Julen, señalando una de las imágenes. 'Ese camión parece estar en buenas condiciones. Y está cerca de una autopista de pago.'

Aitor se acercó, estudiando la imagen. 'Sí, pero está rodeado de criaturas', dijo. 'No será fácil llegar hasta él.'

Jesús ajustó el dron para obtener una vista más cercana. 'Mira eso', dijo, señalando hacia un edificio cercano. 'Hay un túnel que lleva directamente a la autopista de pago. Si podemos llegar hasta allí, podríamos evitar a las criaturas.'

El grupo comenzó a discutir los detalles del plan. 'Necesitamos un equipo pequeño para ir a buscar el camión', dijo Aitor. 'Jesús, Andrés y yo iremos. El resto se quedará aquí, preparándose para la salida.'

Claudia, aunque preocupada, asintió. 'Ten cuidado', le dijo a Aitor, abrazándolo. 'No te arriesgues más de lo necesario.'

El grupo se puso a trabajar, preparando las mochilas con provisiones y armas. Sabían que el camino sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos y con las herramientas adecuadas, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro."
"Salieron sin hacer ruido, moviéndose con la cautela de quienes saben que cualquier error podría costarles la vida. Una vez en la calle, Aitor se acercó a la ropa que todavía estaba en el suelo, el mismo montón de prendas podridas que había usado antes para confundir a las criaturas. Al agacharse, notó que el olor era aún más nauseabundo que la última vez, pero también sabía que ese hedor les había salvado la vida una vez. Quizás podría hacerlo de nuevo.

'Ponéoslas por encima', susurró Aitor, repartiendo las prendas entre Jesús y Andrés. 'Aguantad las arcadas si es necesario. Esto nos mantendrá a salvo.'

Los tres hombres se cubrieron con la ropa maloliente, conteniendo las náuseas que les provocaba el olor. Era un sacrificio necesario, y aunque el asco era casi insoportable, sabían que era su mejor defensa contra las criaturas que dependían del olfato.

Con cuidado, avanzaron hacia el túnel que el dron había identificado como la ruta más segura hacia el camión. Cada paso era medido, cada movimiento calculado para no hacer ruido. Las calles estaban en silencio, pero el grupo sabía que el peligro podía aparecer en cualquier momento.

Finalmente, llegaron al túnel. La entrada estaba oscura y llena de escombros, pero parecía transitable. 'Por aquí', susurró Aitor, señalando hacia el interior. 'Es nuestra mejor opción.'

El grupo entró en el túnel, moviéndose en silencio y evitando cualquier ruido que pudiera alertar a las criaturas. La luz del día se desvanecía a medida que se adentraban, pero las linternas que llevaban les permitían ver lo suficiente para avanzar.

'Esto nos llevará directamente a la autopista de pago', dijo Jesús en voz baja, consultando el mapa que llevaban. 'Si tenemos suerte, el camión estará cerca.'

Aitor asintió, sintiendo una mezcla de esperanza y cautela. Sabían que el camino sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos y con las herramientas adecuadas, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.
"Por el momento, el túnel parecía seguro. La oscuridad y el silencio los envolvían, pero una inquietud comenzó a crecer en el grupo. Sabían que los túneles eran un lugar ideal para las criaturas: oscuros, cerrados y llenos de rincones donde podían esconderse. Para ellos, sin embargo, era una trampa mortal. Cualquier sonido, por mínimo que fuera, los ponía en alerta máxima.

'Tenemos que movernos rápido', susurró Aitor, iluminando el camino con su linterna. 'Pero sin hacer ruido. No sabemos qué podría estar esperándonos ahí adelante.'

Jesús y Andrés asintieron, siguiendo a Aitor con cautela. Cada paso resonaba en el eco del túnel, y cada sombra parecía moverse en los bordes de su visión. El olor a humedad y podredumbre era intenso, pero el hedor de la ropa que llevaban puesta seguía siendo su mejor defensa.

De repente, un sonido los hizo detenerse en seco. Era un crujido metálico, como si algo se hubiera movido entre los escombros. Aitor levantó la mano, señalando al grupo que se quedara quieto. Con gestos silenciosos, indicó a Jesús y a Andrés que se agacharan.

'Allí', susurró Aitor, apuntando con la linterna hacia un montón de escombros a unos metros de distancia. 'Algo se mueve.'

El grupo contuvo la respiración, observando con atención. El sonido se repitió, esta vez más cerca. Era un gruñido bajo, seguido por el sonido de pasos arrastrándose por el suelo.

'Es una de ellas', susurró Andrés, con los ojos llenos de terror. 'Tenemos que salir de aquí.'

Aitor asintió, señalando hacia adelante. 'El túnel no es muy largo. Si corremos, podríamos llegar al otro lado antes de que nos alcance.'

El grupo no lo pensó dos veces. Con un gesto de Aitor, comenzaron a correr en silencio, evitando hacer ruido pero moviéndose lo más rápido que podían. El sonido de los pasos detrás de ellos se hizo más fuerte, pero no miraron atrás. Sabían que detenerse significaba la muerte.

Finalmente, llegaron al final del túnel, donde la luz del día los recibió como un salvavidas. Aitor se asomó con cuidado, asegurándose de que no hubiera criaturas cerca. 'Estamos a salvo', dijo, jadeando. 'Por ahora.'

El grupo salió del túnel, sintiendo cómo el aire fresco les daba un poco de alivio. Pero sabían que no podían relajarse. El camión estaba cerca, y tenían que asegurarse de que estuviera en condiciones de llevarlos a todos.

'Allí está', dijo Jesús, señalando hacia el camión que habían visto desde el dron. 'Pero tenemos que revisarlo antes de intentar arrancarlo.'

Aitor asintió, mirando hacia atrás para asegurarse de que la criatura no los había seguido. 'Vamos, pero con cuidado. No sabemos qué más podría haber por aquí.'

El grupo se acercó al camión, sabiendo que su próxima decisión podría ser la diferencia entre la vida y la muerte. Mientras revisaban el vehículo, no podían evitar sentir que el tiempo se les escapaba. Las criaturas estaban cerca, y el mundo exterior seguía siendo un lugar peligroso.
El camión, en principio, parecía estar en buenas condiciones. No había daños graves, solo algunos rasguños en la carrocería, probablemente hechos por las criaturas. Aitor se acercó a la puerta del conductor, sintiendo un alivio momentáneo al ver que el vehículo podría ser su salvación. Pero justo cuando extendió la mano para abrir la puerta, algo frío y metálico se posó en su cabeza.

El instinto de Aitor actuó antes de que su mente pudiera procesar lo que estaba sucediendo. Se echó a un lado con una rapidez asombrosa, y en ese mismo instante, un disparo retumbó en el aire, resonando con un eco sordo en el silencio de la ciudad desolada. El sonido fue ensordecedor, y el miedo y la angustia se apoderaron de todos.

'¡No dispares!', gritó Aitor, levantando las manos en señal de rendición. '¡Somos humanos! ¡No somos criaturas!'

Desde la sombra de un edificio cercano, una figura emergió lentamente. Era un hombre, armado con un rifle, y su expresión era una mezcla de desconfianza y sorpresa. '¿Quiénes sois?', preguntó con voz áspera, apuntando con el arma hacia el grupo.

'Supervivientes', respondió Jesús, levantando también las manos. 'Estamos intentando salir de la ciudad. No queremos problemas.'

El hombre los miró con recelo, bajando un poco el arma pero sin soltarla. '¿De dónde venís?', preguntó, moviéndose con cautela hacia ellos.

'De la casa de Jesús', dijo Aitor, señalando hacia la dirección de donde habían venido. 'Tenemos mujeres y niños esperándonos. Solo queremos un vehículo para llevarlos a un lugar seguro.'

El hombre frunció el ceño, estudiándolos por un momento antes de bajar completamente el arma. 'Lo siento', dijo, con un tono más calmado. 'No puedo ser demasiado cuidadoso. Estas cosas... te hacen desconfiar de todo.'

Aitor asintió, sintiendo cómo el miedo comenzaba a disiparse. 'Lo entendemos. Pero necesitamos ese camión. ¿Podemos llevarlo?'

El hombre miró hacia el camión y luego de vuelta al grupo. 'Es mío', dijo finalmente. 'Pero si me lleváis con vosotros, podéis usarlo.'

El grupo intercambió miradas, sabiendo que no tenían muchas opciones. 'De acuerdo', dijo Aitor, extendiendo una mano. 'Somos Aitor, Jesús y Andrés. ¿Cómo te llamas?'

'Carlos', respondió el hombre, estrechando la mano de Aitor. 'Y si queréis sobrevivir, mejor nos damos prisa. Esas cosas no tardarán en llegar después del disparo.'

El grupo asintió, sabiendo que no había tiempo que perder. Con Carlos uniéndose a ellos, comenzaron a preparar el camión para el viaje, sabiendo que el camino hacia el norte sería peligroso, pero también que, mientras estuvieran juntos, tenían una posibilidad de sobrevivir.

¡Qué momento tan lleno de tensión y un toque de humor negro! Aquí tienes la continuación:

"Después de las rápidas presentaciones, y con escasas posibilidades de salir de allí sin problemas, todos subieron al camión. Carlos, con movimientos rápidos y decididos, se sentó al volante y puso el motor en marcha. El rugido del motor resonó en el silencio de la ciudad, un sonido que sin duda atraería a más criaturas, pero era la única solución para escapar.

'Espero que este trasto aguante', murmuró Carlos, cambiando de marcha mientras el camión comenzaba a moverse. 'Porque si no, estamos fritos.'

Mientras el vehículo avanzaba por las calles desoladas, Carlos no pudo evitar arrugar la nariz. '¿Qué es ese olor tan nauseabundo que lleváis?', preguntó, mirando a Aitor y a los demás con una mezcla de curiosidad y asco. '¿Tenéis un bicho muerto encima o qué?'

Aitor no pudo evitar una sonrisa irónica. 'Es nuestra forma de camuflaje', explicó. 'Las criaturas nos detectan por el olor, así que nos cubrimos con ropa podrida para confundirlas. No es agradable, pero nos ha salvado la vida más de una vez.'

Carlos soltó una carcajada breve pero genuina. 'Bueno, no sé si prefiero morir devorado por esas cosas o asfixiado por vuestro perfume', dijo, aunque su tono era de admiración. 'Es ingenioso, lo admito.'

El camión avanzaba lentamente, esquivando coches abandonados y escombros que bloqueaban las calles. Aitor, Jesús y Andrés estaban atentos a cualquier movimiento fuera del vehículo, listos para actuar si las criaturas aparecían. Julen y Jordi, aunque asustados, se mantenían cerca de Claudia y Ana, quienes intentaban calmarlos.

'¿Adónde vamos exactamente?', preguntó Carlos, mirando a Aitor por el espejo retrovisor.

'Hacia el norte', respondió Aitor. 'Hace meses, la radio emitió unas coordenadas de un refugio seguro. No sabemos si todavía está operativo, pero es nuestra mejor opción.'

Carlos asintió, concentrándose en la carretera. 'Bueno, espero que tengáis un buen mapa, porque las autopistas están hechas un desastre.'

Mientras el camión seguía avanzando, el grupo no podía evitar sentir una mezcla de esperanza y miedo. Sabían que el camino sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos y con las herramientas adecuadas, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.
Con una breve descripción de todo lo que habían vivido desde que el mundo se había convertido en un infierno, el grupo le explicó a Carlos la urgencia de llegar cuanto antes a las coordenadas que habían escuchado por la radio. Aunque hacía tiempo que no habían oído nada, esas coordenadas eran su única esperanza en un mundo que parecía estar completamente muerto, donde solo quedaban ellos y las criaturas.

Carlos escuchó con atención, asintiendo en silencio mientras el camión avanzaba por las calles desoladas. 'Entiendo', dijo finalmente. 'Pero no será fácil. Las carreteras están bloqueadas, y esas cosas están por todas partes.'

El grupo asintió, sabiendo que Carlos tenía razón. Pero no tenían otra opción. Tenían que intentarlo.

Finalmente, llegaron al edificio donde vivía Jesús. Aparcaron el camión detrás del edificio, ocultándolo lo mejor que pudieron. Por el camino, habían atropellado a unas cuantas criaturas, pero el camión había resistido, demostrando ser una herramienta valiosa en su lucha por la supervivencia.

Al entrar por la puerta de atrás, dejaron las ropas podridas cerca del camión para despistar a cualquier criatura que pudiera estar cerca. El olor nauseabundo había cumplido su propósito, pero ahora era hora de deshacerse de él.

Al entrar en la casa, Claudia, que había estado esperando ansiosamente, corrió hacia Aitor y lo abrazó con fuerza, llorando. '¡Qué miedo he pasado!', dijo, entre lágrimas. 'Pensé que no lo contaría ninguno de vosotros.'

Aitor la abrazó, sintiendo cómo el alivio lo inundaba. 'Estamos aquí', dijo, acariciando su cabello. 'Estamos a salvo.'

Carlos, que había entrado detrás de ellos, se quedó un momento en silencio, observando la escena. Luego, con un gesto de arrepentimiento, se acercó a Claudia. 'Lo siento', dijo, con voz sincera. 'Cuando os vi, pensé que erais parte de esas criaturas. No podía arriesgarme.'

Claudia lo miró, secándose las lágrimas. 'Lo entiendo', dijo, con una sonrisa débil. 'En este mundo, es difícil confiar en nadie.'

El grupo se reunió en la sala, sintiendo una mezcla de alivio y esperanza. Sabían que el camino hacia el norte sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos y con las herramientas adecuadas, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.
Carlos, mientras hablaba con el grupo, mencionó algo que les dio un rayo de esperanza. 'En el camión tengo una radio', dijo, señalando hacia el vehículo estacionado afuera. 'Podría intentar comunicarme con otros camioneros, si es que queda alguno todavía vivo. Quizás podamos encontrar más supervivientes o incluso obtener información sobre el refugio del norte.'

Aitor y Jesús intercambiaron miradas, sintiendo cómo esa posibilidad les daba un poco de esperanza. 'Eso sería increíble', dijo Aitor. 'Pero no podemos arriesgarnos a salir ahora. Las criaturas y la jauría están demasiado cerca.'

Carlos asintió, mirando por la ventana hacia el camión. 'Tienes razón. Es mejor esperar hasta que sea seguro acercarse. Si hacemos ruido ahora, podríamos atraer a más de esas cosas.'

Claudia, que había estado escuchando en silencio, se acercó. 'Entonces, ¿qué hacemos mientras tanto?', preguntó, con voz preocupada.

Jesús, que había estado pensando en los drones, intervino. 'Los drones podrían ser nuestros ojos', dijo. 'Podemos usarlos para vigilar los alrededores y asegurarnos de que el camino esté despejado antes de salir.

Aitor asintió, sintiendo cómo la idea de Jesús les daba una ventaja. 'Sí, y si vemos que las criaturas se alejan, podríamos intentar llegar al camión y usar la radio.'

El grupo se puso a trabajar de inmediato. Jordi y Julen, con la ayuda de Jesús, prepararon los drones para el vuelo. Mientras tanto, Carlos y Aitor discutían las posibles frecuencias de radio que podrían usar para contactar con otros supervivientes.

'Si hay alguien ahí fuera, es probable que estén usando las frecuencias de emergencia', dijo Carlos, ajustando la radio que había traído consigo. 'Pero no podemos arriesgarnos a transmitir hasta que estemos seguros de que no hay criaturas cerca.'

Mientras los drones despegaban y comenzaban a explorar los alrededores, el grupo se reunió alrededor de las pantallas, observando con atención. Las imágenes mostraban que las criaturas y la jauría estaban merodeando cerca, pero parecían estar más interesadas en el olor de las ropas podridas que habían dejado cerca del camión.

'Parece que el olor las está confundiendo', dijo Andrés, señalando hacia una de las imágenes. 'Si esperamos un poco más, podrían alejarse.'

El grupo asintió, sabiendo que la paciencia era su mejor aliada en ese momento. Mientras esperaban, no podían evitar sentir una mezcla de miedo y esperanza. Sabían que el camino hacia el norte sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos y con las herramientas adecuadas, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.
La noche cayó sobre la ciudad, y con ella llegó la lluvia. El sonido de las gotas golpeando el techo y los truenos distantes crearon un ambiente inquietante, pero también les dio una ventaja: el ruido de la tormenta podría enmascarar cualquier sonido que hicieran. Sin embargo, nadie sabía cómo reaccionarían las criaturas a la lluvia. ¿Se refugiarían? ¿O se volverían más activas? Era una incógnita.

El grupo decidió aprovechar la relativa calma para cenar y descansar. Claudia y Ana prepararon una comida sencilla con las provisiones que tenían, mientras los demás se acomodaban en la sala, escuchando el sonido de la lluvia. Aitor no podía evitar mirar por la ventana, preguntándose qué harían las criaturas en una noche como esta.

Carlos, sin embargo, tenía un plan. 'El sonido de la lluvia y los truenos podrían ser nuestra oportunidad', dijo, acercándose a la radio que había traído del camión. 'Si transmito ahora, es menos probable que las criaturas nos detecten.'

Aitor asintió, viendo la lógica en su razonamiento. 'Hazlo', dijo. 'Pero sé cuidadoso. No sabemos quién podría estar escuchando.'

Carlos ajustó la radio, buscando las frecuencias de emergencia que solían usar los camioneros y otros supervivientes. 'Aquí Carlos, camionero en Madrid. ¿Hay alguien ahí fuera?', dijo en voz baja pero clara. 'Busco información sobre las coordenadas de un refugio en el norte. Si alguien puede oírme, responda.'

El grupo contuvo la respiración, esperando una respuesta. Los segundos se convirtieron en minutos, y el silencio en la radio era ensordecedor. Pero entonces, un sonido les hizo saltar: una voz débil y llena de interferencias, pero inconfundiblemente humana.

'Aquí... aquí Luis, en Zaragoza', dijo la voz, entrecortada. 'El refugio... todavía está operativo. Pero el camino es peligroso. Muchas criaturas... y otros peligros.'

Carlos miró al grupo, con una mezcla de alivio y preocupación en los ojos. 'Gracias, Luis', respondió. '¿Puedes darnos más detalles? ¿Cómo llegar allí?'

La voz de Luis se desvaneció por un momento, pero luego regresó, más clara esta vez. 'Sigan la autopista A-2... pero eviten las ciudades. Hay... grupos hostiles. Y las criaturas... son peores de noche.'

El grupo intercambió miradas, sabiendo que la información era valiosa pero también aterradora. 'Gracias, Luis', dijo Carlos finalmente. 'Cuidate.'

La radio volvió al silencio, pero el grupo no podía evitar sentir una mezcla de esperanza y miedo. Sabían que el camino hacia el norte sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos y con las herramientas adecuadas, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.


"No pudieron descansar por completo esa noche. La incertidumbre, combinada con el sonido de las criaturas que se volvían más agresivas con la lluvia y los truenos, los mantuvo en vilo. Los arañazos en las paredes, los golpes en el techo y los gruñidos guturales que resonaban desde afuera les recordaban que el peligro estaba siempre cerca.

'Tenemos que ir al sótano', dijo Aitor, mirando al grupo con determinación. 'Es el lugar más seguro. No podemos arriesgarnos a que entren.'

El grupo asintió, sabiendo que no había otra opción. Con cuidado, bajaron al sótano, cerrando la puerta tras de sí y asegurándola con todo lo que tenían a mano. Aunque el sótano era frío y oscuro, era su mejor defensa contra las criaturas que merodeaban afuera.

Esa noche, nadie durmió profundamente. Los sonidos de las criaturas golpeando las paredes y el techo los mantenían en alerta constante. Julen y la pequeña Claudia se acurrucaron junto a Claudia y Ana, mientras Aitor, Jesús, Andrés y Carlos se turnaban para vigilar, asegurándose de que la puerta del sótano estuviera bien cerrada.

La semana que siguió fue una de las más horribles que habían vivido. Las criaturas parecían estar por todas partes, gruñendo, arañando y buscando sin descanso. El sonido de sus pasos y gruñidos se había convertido en una constante, un recordatorio de que el peligro nunca estaba lejos.

Y entonces, como si fuera una maldición adicional, la nieve hizo su aparición. Los copos blancos comenzaron a caer del cielo, cubriendo las calles y los edificios con un manto frío y silencioso. Pero en lugar de traer calma, la nieve parecía empeorar las cosas. Las criaturas, aunque menos activas durante el día, se volvían más agresivas por la noche, y el frío intenso hacía que cada movimiento fuera más difícil.

'Esto va a ser un invierno nefasto', dijo Carlos, mirando por una pequeña ventana del sótano. 'Si no nos movemos pronto, no sobreviviremos aquí.'

Aitor asintió, sintiendo el peso de la situación. 'Tenemos que irnos', dijo. 'Pero necesitamos un plan. No podemos salir a ciegas.'

El grupo comenzó a discutir sus opciones, sabiendo que el camino hacia el norte sería peligroso, pero también que era su única esperanza. Con los drones y la radio, tenían herramientas valiosas, pero también sabían que necesitaban más que eso para sobrevivir.

Mientras la nieve seguía cayendo fuera, el grupo se preparó para lo que sería el viaje más peligroso de sus vidas. Sabían que el invierno sería duro, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.
Fue una semana infernal. Atrapados en el sótano, sin poder salir excepto por necesidades urgentes y solo cuando el ruido de los truenos podía enmascarar sus movimientos, el grupo había llegado al límite de su resistencia. Pero finalmente, esa mañana, el sol salió entre las nubes, iluminando un paisaje cubierto de nieve y hielo. Aunque el frío era glacial, era un respiro que todos necesitaban.

'Vamos a salir', dijo Aitor, mirando al grupo con determinación. 'Pero con precaución. No sabemos qué nos espera ahí fuera.'

El grupo asintió, sabiendo que no podían bajar la guardia. Antes de salir, sacaron los drones para comprobar que no había criaturas ni jaurías cerca. Las imágenes mostraron un paisaje desolado, con huellas en la nieve y rasguños en las fachadas de los edificios, pero no había señales de movimiento.

'Parece que están lejos', dijo Jesús, observando las pantallas. 'Pero no podemos confiarnos. Podrían regresar en cualquier momento.'

El grupo salió del sótano con cuidado, moviéndose en silencio y evitando cualquier ruido que pudiera alertar a las criaturas. El frío les golpeó con fuerza, pero sabían que no podían quedarse allí por mucho más tiempo.

'El plan es salir lo antes posible', dijo Aitor, mientras el grupo se reunía en la sala. 'Tenemos que llegar a un lugar seguro, evitando las grandes áreas urbanas y sus alrededores. Las ciudades están llenas de criaturas y otros peligros.'

Carlos asintió, consultando el mapa que habían trazado. 'Si seguimos la autopista A-2, pero nos mantenemos alejados de las ciudades, podríamos llegar al refugio del norte. Pero necesitamos estar preparados para cualquier cosa.'

El grupo comenzó a prepararse para el viaje, asegurándose de que tenían provisiones suficientes, armas y equipo de primeros auxilios. Los drones serían sus ojos en el camino, y la radio les permitiría mantenerse en contacto con otros supervivientes, si es que había alguno.

'Vamos a hacer esto', dijo Aitor, mirando al grupo con determinación. 'Mientras estemos juntos, tenemos una posibilidad de sobrevivir.'

El grupo asintió, sabiendo que el camino sería peligroso, pero también sabían que no tenían otra opción. Con el sol brillando sobre la nieve, comenzaron a preparar el camión para el viaje, sabiendo que cada paso los acercaba a la posibilidad de encontrar un lugar seguro.
Entraron en el camión como pudieron, tres adelante y los demás atrás, afortunadamente, el espacio no estaba tan mal distribuido. Los niños, Julen y la pequeña Claudia, se acomodaron en la litera que el camión tenía, un pequeño refugio dentro del refugio. El plan era claro: salir de la ciudad lo antes posible. Sin embargo, la entrada a la A-2 estaba bloqueada, lo que les obligó a tomar una ruta alternativa.

'Subiremos hacia La Rozas', dijo Aitor, consultando el mapa. 'Allí podremos comprobar la situación y coger aliento.'

Claudia, que había estado callada durante un rato, miró a Aitor con ojos llenos de esperanza. 'Allí está mi madre', dijo. 'Junto a Natalia, Irene, Nicolás, Julián y sus hijos. Quiero saber si ellos también han sobrevivido.'

El grupo asintió, sabiendo que no podían ignorar la posibilidad de encontrar más supervivientes. Con cuidado, tomaron la ruta hacia La Rozas, avanzando lentamente pero sin grandes impedimentos. Las calles estaban vacías, sin criaturas a la vista, lo que les dio un respiro momentáneo.

Sin embargo, la tarde caía rápidamente, y sabían que no podían quedarse en el camión durante la noche. 'Tenemos que buscar refugio', dijo Carlos, mirando hacia las casas cercanas. 'No podemos arriesgarnos a quedarnos aquí.'

Decidieron dirigirse a la casa de Julián, donde Claudia esperaba encontrar a su familia. Con gran miedo, salieron del camión y se acercaron al edificio, entrando por el aparcamiento. Les costó un poco romper la cerradura que comunicaba el garaje con las viviendas, pero finalmente lo lograron.

Subieron las escaleras con angustia y miedo, cada paso resonando en el silencio del edificio. Era una aventura inquietante; no sabían qué podrían encontrar. De vez en cuando, escuchaban gruñidos ocasionales, a veces cerca, otras veces lejos, como si las criaturas se estuvieran comunicando entre sí.

Al llegar al rellano, Aitor golpeó suavemente la puerta de la casa de Julián. 'Toc, toc, toc', sonó el ruido en el silencio. No hubo respuesta. Lo intentaron de nuevo, esta vez con un poco más de fuerza. 'Toc, toc, toc.'

Esta vez, hubo un susurro desde el otro lado de la puerta. '¿Quién es?', preguntó una voz temblorosa.

Claudia, al reconocer la voz de su madre, respondió con emoción contenida. 'Soy yo, Claudia. Por favor, abre.'

La puerta se abrió lentamente, revelando a su madre, Natalia, Irene, Nicolás, Julián y los niños. El alivio fue instantáneo. '¡Dios mío!', exclamó Claudia, abrazando a su madre con fuerza. 'Estáis vivos.'

Jordi, aunque solo tenía trece años, se comportó como un verdadero maestro en proteger a los más pequeños, asegurándose de que todos estuvieran a salvo. Mientras tanto, el resto del grupo se acomodó en el remolque del camión, procurando no hacer ruido.

'Las mercancías que llevaba el camión', dijo Carlos, señalando hacia la parte trasera del vehículo, 'nos darán provisiones para sobrevivir un tiempo. Por suerte, no pude descargarlas antes de que todo esto empezara.'

El grupo se reunió en la casa de Julián, sintiendo una mezcla de alivio y esperanza. Sabían que el camino hacia el norte sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos y con las herramientas adecuadas, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.
La madre de Claudia, Josefa, no daba crédito a lo que veía. Allí estaban todos: Aitor, Claudia, Jordi, Julen, la pequeña Claudia, y junto a ella, fundida en un abrazo, estaban Natalia, Irene, Claudia y sus parejas. La felicidad la inundó por completo, un sentimiento que no había experimentado desde que todo comenzó.

Josefa suspiró de alivio, secándose las lágrimas que no habían parado de caer desde que el mundo se había convertido en un infierno. 'No podía dejar de llorar', dijo, abrazando a Claudia con fuerza. 'No sabía si volvería a veros. Ha habido momentos tan duros, tan angustiosos... pero aquí estáis. Mi familia.'

El grupo, cada vez más grande, se reunió en la casa de Julián, compartiendo historias y provisiones. Aitor y Carlos explicaron el plan de viajar hacia el norte, hacia las coordenadas del refugio seguro que habían escuchado en la radio. 'No podemos quedarnos aquí', dijo Aitor, mirando a todos. 'El invierno será duro, y las criaturas no van a desaparecer.'

Julián, que había estado escuchando en silencio, asintió. 'Tenéis razón', dijo. 'Pero no será fácil. Las carreteras están bloqueadas, y esas cosas están por todas partes.'

Natalia, que había estado abrazando a sus hijos, se acercó. 'Tenemos que ir juntos', dijo. 'No podemos separarnos otra vez.'

El grupo asintió, sabiendo que la unión era su mayor fortaleza. Con los nuevos miembros, el plan se volvió más complejo, pero también más esperanzador. 'Vamos a prepararnos', dijo Aitor, mirando a todos. 'Mientras estemos juntos, tenemos una posibilidad de sobrevivir.'

Mientras el grupo se organizaba, Josefa se acercó a Claudia, tomándole las manos. 'Gracias por volver', dijo, con lágrimas en los ojos. 'No sabes lo que significa para mí veros a todos juntos.'

Claudia la abrazó, sintiendo cómo el alivio y la esperanza se mezclaban en su corazón. 'Estamos aquí, mamá', dijo. 'Y no vamos a separarnos otra vez.'

El grupo comenzó a prepararse para el viaje, sabiendo que el camino sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.
Esa noche, el grupo descansó tranquilo por primera vez en semanas. Cenaron con las provisiones que tanto Julián como Aitor habían reunido, compartiendo historias y risas que les recordaban que, a pesar de todo, todavía había humanidad en ellos. 'Es hora de descansar y desconectar un poco', dijo Claudia, abrazando a Julen y a la pequeña Claudia mientras se acomodaban para dormir.

A la mañana siguiente, el grupo se reunió para discutir el siguiente paso. 'Tenemos que encontrar otra ruta alternativa', dijo Aitor, extendiendo el mapa sobre la mesa. 'La A-2 está bloqueada, y no podemos arriesgarnos a quedarnos aquí.'

Después de revisar las opciones, decidieron dirigirse hacia el aeropuerto, que también tenía una ruta que llevaba a Zaragoza. 'Desde allí, podríamos tener mejor cobertura para la radio', dijo Carlos, ajustando el dispositivo. 'Las noticias cambian por minutos, y lo que ahora parece seguro, al rato ya no lo es.'

El grupo asintió, sabiendo que la información era crucial para su supervivencia. Con cuidado, se prepararon para salir, asegurándose de que todos tuvieran lo necesario para el viaje.

Sin embargo, justo cuando estaban a punto de partir, la radio emitió un comunicado que cambió todo. 'Atención a todos los supervivientes', decía una voz grave. 'El refugio del norte ha caído. Repito, el refugio del norte ha caído. No es seguro ir allí.'

El grupo se quedó en silencio, procesando la noticia. '¿Qué hacemos ahora?', preguntó Julián, mirando a Aitor con preocupación.

La voz en la radio continuó: 'La mejor opción es dirigirse al sur, cerca del mar. El agua salada quema a las criaturas, y el sol las debilita. Es nuestra mejor esperanza.'

Aitor miró al grupo, sintiendo el peso de la decisión. 'El sur', dijo finalmente. 'Es nuestra mejor opción. Pero el camino será peligroso.'

El grupo asintió, sabiendo que no tenían otra opción. 'Vamos a prepararnos', dijo Claudia, abrazando a sus hijos. 'Mientras estemos juntos, tenemos una posibilidad de sobrevivir.'

Con un nuevo destino en mente, el grupo comenzó a prepararse para el viaje hacia el sur, sabiendo que el camino sería peligroso, pero también que, mientras estuvieran juntos, tenían una posibilidad de encontrar un lugar seguro.
Julián tomó la palabra con determinación. 'Estupendo, vamos a Huelva', dijo, señalando en el mapa. 'Allí estaremos seguros, cerca del mar. El agua salada y el sol nos darán una ventaja contra esas criaturas.'

El grupo, que ahora lo componían una veintena de personas, asintió en silencio. Todos sabían que el viaje sería largo y peligroso, pero también que no tenían otra opción. Titi, el hijo pequeño de Julián, Nico, el mediano, y Alex, el mayor, tomaron la iniciativa de hacer las maletas, aunque sabían que no podrían llevar demasiado. 'Solo lo útil', dijo Alex, mientras empacaba provisiones y herramientas. 'No podemos cargar con cosas innecesarias.'

Aitor, mientras tanto, se acercó a Carlos y Julián. 'Necesitamos gasolina', dijo, con voz preocupada. 'Es un viaje largo, y no podemos arriesgarnos a quedarnos atrapados en medio de la nada. ¿Hay alguna gasolinera cerca de la que podamos sacar combustible?'

Carlos asintió, consultando el mapa. 'Sí, hay una a unos kilómetros de aquí', dijo. 'Pero tendremos que ser cuidadosos. No solo están las criaturas y las jaurías, también hay saqueadores. Matarían por conseguir este camión.'

El grupo intercambió miradas, sabiendo que el peligro no solo provenía de las criaturas. 'Vamos a ir preparados', dijo Aitor, agarrando su arma. 'No podemos bajar la guardia.'

Con un plan en mente, el grupo comenzó a prepararse para la primera parada: la gasolinera. Sabían que sería un riesgo, pero también sabían que no tenían otra opción. 'Vamos a hacer esto rápido', dijo Carlos, mirando a todos. 'Entramos, sacamos la gasolina y nos vamos. Sin demoras.'

Mientras el grupo se organizaba, Claudia se acercó a Aitor, abrazándolo. 'Ten cuidado', le dijo en voz baja. 'No te arriesgues más de lo necesario.'

Aitor la abrazó, sintiendo cómo el miedo y la determinación se mezclaban en su corazón. 'Lo haré', prometió. 'Volveré con buenas noticias.'

El grupo salió de la casa de Julián, moviéndose con cautela hacia el camión. Sabían que el camino hacia Huelva sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.
El grupo logró llenar el camión de diésel y unos cuantos bidones grandes para el camino. La operación había sido rápida y silenciosa, pero justo cuando acababan de montarse en el camión, cuatro individuos les cortaron el paso, apuntándoles con un rifle. La situación se volvió crítica en cuestión de segundos.

'Esto no es nada bueno', dijo Aitor, manteniendo la calma pero con la voz llena de tensión. 'No podemos arriesgarnos a un enfrentamiento aquí.'

Julián, que estaba al volante, sintió cómo el miedo se apoderaba de él. 'Pensé que era el final', murmuró, mirando a los hombres armados con ojos llenos de desesperación.

Pero Carlos, acostumbrado a situaciones difíciles, no perdió la calma. Con un movimiento rápido, comenzó a tocar el claxon del camión, un sonido estridente que resonó en el silencio de la gasolinera. Todos lo miraron, asustados, sabiendo que ese sonido era una llamada directa a las criaturas.

'¿Qué estás haciendo?', gritó Aitor, pero Carlos no respondió. En lugar de eso, puso el camión en marcha y aceleró, saliendo de la gasolinera a toda velocidad. Los individuos armados, sorprendidos por la maniobra, dispararon, pero las balas no alcanzaron el camión.

Detrás de ellos, se escucharon los gruñidos y los pasos de una verdadera manada de criaturas que se dirigía hacia la gasolinera. Los individuos armados, al darse cuenta del peligro, dejaron de disparar y corrieron para salvar sus vidas.

'¡Eso fue increíble!', dijo Julián, respirando aliviado mientras el camión se alejaba de la gasolinera. 'Pero ¿y si las criaturas nos siguen?'

Carlos sonrió, mirando por el espejo retrovisor. 'No nos seguirán', dijo. 'Están demasiado ocupadas con esos tipos. Además, el camión es rápido. Llegaremos a Huelva antes de que nos alcancen.'

El grupo asintió, sintiendo cómo el alivio comenzaba a inundarlos. Sabían que el camino hacia Huelva sería peligroso, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos, tenían una posibilidad de sobrevivir y encontrar un lugar seguro.
Ya estaba todo listo para salir a la carretera. El camión estaba lleno de provisiones, combustible y, lo más importante, de personas. Los hombres se sentaron delante: Aitor, Carlos y Julián al volante, mientras que el resto del grupo, compuesto por mujeres, niños y otros adultos, se acomodó en la parte trasera. Sabían que este viaje no sería como antes, cuando seis horas de conducción los llevaban a su destino. Ahora, con las carreteras bloqueadas, las criaturas merodeando y la necesidad de evitar áreas peligrosas, el viaje podría durar dos o tres días, si tenían suerte.

'No podemos hacer el viaje de un tirón', dijo Aitor, estudiando el mapa con atención. 'Tenemos que encontrar rutas alternativas, y si es necesario, cruzar por los campos. No podemos arriesgarnos a quedarnos atrapados en una carretera bloqueada.'

Carlos asintió, ajustando el retrovisor. 'Sí, y tenemos que estar atentos a las criaturas. No podemos bajar la guardia ni un momento.'

Julián, que estaba revisando las provisiones, se acercó. 'Tenemos comida y agua para unos días, pero no podemos desperdiciar nada. Cada parada será un riesgo.'

El grupo asintió, sabiendo que el viaje sería largo y agotador, pero también que no tenían otra opción. Con cuidado, el camión comenzó a moverse, saliendo de la gasolinera y tomando una ruta alternativa que los llevaría hacia el sur.

Mientras el camión avanzaba, Claudia se acercó a Aitor, abrazándolo por detrás. '¿Crees que llegaremos a Huelva?', preguntó en voz baja.

Aitor la miró, sonriendo con determinación. 'Sí', dijo. 'Mientras estemos juntos, tenemos una posibilidad de sobrevivir.'

El grupo continuó su viaje, sabiendo que el camino sería peligroso, pero también que, mientras estuvieran juntos, tenían una posibilidad de encontrar un lugar seguro.
Todavía no habían salido de Madrid, y el grupo sabía que encontrar rutas alternativas sería crucial para su supervivencia. La carretera de Andalucía, la A-4, estaba llena de escombros, coches abandonados y, lo peor de todo, criaturas. Era intransitable en su estado actual.

'Tenemos que buscar otra opción', dijo Aitor, estudiando el mapa con atención. 'La A-4 dirección Córdoba es nuestra mejor opción, pero no podemos arriesgarnos a tomar la autopista principal. Tenemos que intentar la autopista de pago.'

Carlos asintió, ajustando el retrovisor. 'Sí, la autopista de pago suele estar menos transitada, pero no sabemos en qué estado estará. Podría estar bloqueada también.'

Julián, que estaba revisando las provisiones, se acercó. 'Tenemos que estar preparados para cualquier cosa', dijo. 'Si la autopista de pago está bloqueada, tendremos que cruzar por los campos. No podemos quedarnos atrapados aquí.'

El grupo asintió, sabiendo que el viaje sería largo y agotador, pero también que no tenían otra opción. Con cuidado, el camión comenzó a moverse, saliendo de Madrid y tomando una ruta alternativa que los llevaría hacia la autopista de pago.

Mientras el camión avanzaba, Claudia se acercó a Aitor, abrazándolo por detrás. '¿Crees que llegaremos a Córdoba?', preguntó en voz baja.

Aitor la miró, sonriendo con determinación. 'Sí', dijo. 'Mientras estemos juntos, tenemos una posibilidad de sobrevivir.'

El grupo continuó su viaje, sabiendo que el camino sería peligroso, pero también que, mientras estuvieran juntos, tenían una posibilidad de encontrar un lugar seguro.
La autopista de pago estaba vacía, solo con las barreras bajadas y rotas, pero por el momento no había impedimentos para continuar. Unos cuantos coches volcados y algunas criaturas merodeando eran los únicos obstáculos. Julián, con gran habilidad al volante, esquivaba los coches y las criaturas que intentaban subirse al camión. Algunas caían bajo las ruedas, quedando 'espachuradas', como decía Julián con un humor negro que solo él podía tener en una situación así.

Jordi, Julen y los hijos de Julián sacaron los drones para comprobar la carretera más adelante. Fue una suerte que lo hicieran, porque a unos kilómetros descubrieron que la autopista estaba completamente bloqueada: criaturas, coches volcados y escombros la convertían en una ratonera mortal.

'Tenemos que desviarnos', dijo Aitor, mirando las imágenes de los drones. 'Si no salimos en la próxima salida, quedaremos atrapados.'

El grupo decidió no entrar por el pueblo cercano, ya que era demasiado arriesgado. En su lugar, optaron por un camino asfaltado que no era muy grande, pero por el que el camión podía pasar. 'No sabemos a dónde lleva', dijo Carlos, 'pero es nuestra mejor opción.'

El camino los llevó unos veinte kilómetros, hasta que al fondo vieron una finca grande con altos muros y una alambrada. Al acercarse, notaron que había algunas criaturas muertas cerca, lo que les dio una pausa. 'Podría ser un buen refugio', dijo Julián, mirando hacia la finca. 'Para reponer fuerzas y pasar la noche.'

Aitor bajó del camión, pero antes de que sus pies tocaran el suelo, la verja de la finca se abrió lentamente, como si alguien o algo los estuviera esperando. El grupo se quedó en silencio, sintiendo cómo el miedo y la curiosidad se mezclaban en sus corazones.

'¿Qué hacemos?', susurró Claudia, agarrando la mano de Julen.

Aitor miró hacia la finca, sintiendo que la decisión que tomaran en ese momento podría cambiar todo. 'Vamos a investigar', dijo finalmente. 'Pero con cuidado. No sabemos qué nos espera ahí dentro.'

El grupo asintió, sabiendo que no tenían otra opción. Con cuidado, comenzaron a avanzar hacia la finca, listos para enfrentar lo que fuera que les esperaba.
Después de recorrer tres kilómetros más, llegaron a una finca espectacular. Árboles frutales se extendían por todas partes, y el aire olía a tierra húmeda y naturaleza. Un grupo de trabajadores salió a recibirlos, pero con precaución. Antes de permitirles bajar del camión, revisaron los bajos del vehículo y dieron órdenes de que nadie se moviera hasta asegurarse de que no había amenazas.

Finalmente, después de una inspección minuciosa, el grupo pudo bajar del camión y ser recibido por los dueños de la finca y el mayoral. Las presentaciones fueron corteses pero llenas de tensión. Los dueños, una pareja de mediana edad llamada Manuel y Rosa, parecían tan amables como asustados. No tenían noticias del exterior desde que la plaga se extendió como la pólvora, y tenían una necesidad urgente de saber qué había pasado. 'Sois los primeros humanos que pasan por aquí en meses', dijo Manuel, mirando al grupo con una mezcla de alivio y curiosidad.

Después de ducharse y disfrutar de una grata cena, el grupo se reunió en la sala principal de la casa. Allí, cada uno comenzó a contar su historia, compartiendo lo que habían vivido desde que todo comenzó.

Aitor fue el primero en hablar. 'Como todas las mañanas, antes de ir a trabajar, me tomaba un café cerca de mi casa', comenzó. 'Y de repente, todo estalló. Gente corriendo, gritos, coches chocando... No sabía qué estaba pasando.'

Claudia continuó: 'Yo estaba preparando a los niños para el colegio. Ese día, Jordi no fue al instituto porque tenía una revisión médica. Julen ya estaba listo para ir al colegio, y la pequeña Claudia, sin querer, puso la televisión. Ahí estaba la noticia: recomendaban no salir de casa.'

Josefa, la madre de Claudia, tomó la palabra. 'Yo estaba con Natalia, Irene, Nicolás y la familia de Julián. Habíamos planeado viajar a Tarifa para ir a la casa de nuestros antepasados, que habíamos arreglado después de años en ruinas. Pero nunca llegamos a salir.'

Julián, que estaba sentado junto a Natalia, añadió: 'A mí me pilló en el aeropuerto. Iba a recoger a mi hijo Alejandro, Alex, que llegaba de Japón. Tuve suerte porque llegué a casa justo cuando todo empezó.'

Alex, el hijo de Julián, tomó la palabra. 'En Japón, antes de salir, ya vi desde el avión gente corriendo por las pistas. Me pareció raro, pero no le di demasiada importancia. Ya en el avión, una mujer se metió en el baño, y al rato empecé a escuchar sonidos raros. Después no recuerdo nada más; me quedé dormido hasta que llegué a España. Antes de bajar del avión, seguían los ruidos en el baño. Bajé y me fui a la salida, donde mi padre me esperaba.'

Jesús, el padre de Andrés, también compartió su historia. 'A mí me pilló en la A-42, yendo hacia casa. Al principio pensé que había ocurrido un accidente, pero con el tiempo la situación se volvió más caótica. Dejé el coche lo más pegado posible a la mediana de la carretera y fui andando hasta la casa de mi hijo. Las cosas que vi me pusieron los pelos de punta.


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