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la peluquería 💇‍♀️

María no sabía muy bien qué corte de pelo favorecería más a sus facciones. Llevaba tiempo dándole vueltas al asunto. La media melena le gustaba, pero tenía un pequeño inconveniente: no soportaba sentir el cabello sobre la cara. Bastaba una ligera brisa para que los mechones se empeñaran en caerle sobre los ojos, obligándola a apartarlos una y otra vez. Sentada en la sala de espera de la peluquería, comenzó a hojear varias revistas en busca de inspiración. Observó cortes modernos, melenas impecables y cabellos plateados que lucían con una elegancia natural. Sonrió al pensar que ya no tenía nada que esconder. Sus canas hablaban del paso del tiempo, de las batallas libradas y de la mujer en la que se había convertido. —Quizá ha llegado el momento de un cambio —se dijo mientras pasaba otra página—. Algo cómodo, fresco y que, de una vez por todas, me deje la cara despejada. Muy corto tampoco. María conocía demasiado bien a sus hijas. —¡Mamá, qué corto llevas el pelo! —diría Natalia entre ri...

fútbol

María siempre había pensado que había un dicho muy cierto: en la mesa y en el juego se conoce la educación. No juzgaba a todo un país por la actitud de unos cuantos jugadores. Sería injusto. Pero aquella final le dejó un sabor amargo. A su juicio, el árbitro fue demasiado permisivo con varias entradas muy duras y, además, anuló un gol que para ella era completamente legal. También le dio la impresión de que algunos futbolistas argentinos jugaron con una dureza excesiva, rozando por momentos el límite de lo permitido. Ver a los jugadores españoles recibir una y otra vez esas entradas le resultó indignante. —Eso no es deportividad —murmuró mientras el partido llegaba a su fin. Aun así, España no perdió la compostura. Siguió jugando al fútbol, con respeto por el rival y confianza en sus posibilidades. Y cuando sonó el pitido final, María sonrió con orgullo. Había ganado la selección española, pero, sobre todo, había ganado el fútbol que ella admiraba: el que se juega con talento, esfuerzo...

comida en familia

Después de una deliciosa paella, acompañada de un picadillo de tomate al estilo andaluz, una buena tajada de sandía y unos pastelillos que había traído mi hija, me acomodé bajo el cañizo con un café entre las manos. Antes, eso sí, me había dado un buen chapuzón en la piscina, que con aquel calor casi era una obligación. Estaba tan ensimismada leyendo El extranjero, de Albert Camus —un libro que mi nieto me había recomendado con entusiasmo—, que apenas levanté la vista cuando apareció Jordi. —¿Te puedo hacer unas fotos? —Claro. Me pasó su móvil y, al encender la cámara, vi mi cara en la pantalla. —Hijo, aquí salgo yo. Se echó a reír. —Abu, es una aplicación de inteligencia artificial. Quiere adivinar la edad que aparentas. Así que puse mi mejor sonrisa. Una foto de frente, otra girando la cara hacia la derecha y una última hacia la izquierda. La aplicación empezó a pensar durante unos segundos. Y entonces apareció el resultado. 21 años. ¡Toma ya! No sé si la inteligencia artificial se h...

Facebook

A veces me pregunto en qué momento la amargura empezó a ocupar tanto espacio. Abro Facebook y, una publicación tras otra, aparecen reproches, insultos disfrazados de frases ingeniosas y mensajes cargados de negatividad: «si mientes», «cabeza hueca», «querer y no poder»... Como si el mundo hubiera olvidado que también existen la ternura, el humor y la belleza. Yo prefiero las cosas bonitas, las que arrancan una sonrisa o despiertan una ilusión. Prefiero una fotografía de un amanecer, una historia que emocione, una canción que acaricie el alma... y, por qué no admitirlo, también esas publicaciones con un toque picante que hacen reír y recuerdan que la vida no tiene por qué ser tan seria. Ya hay demasiadas sombras ahí fuera como para buscarlas también en una pantalla. Si puedo elegir, me quedo con aquello que ilumina el día, que invita a vivir y que, aunque sea por un instante, hace más ligero el corazón.

deriva

Hay días en los que la vida te deja a la deriva. No porque hayas dejado de remar, sino porque la corriente es más fuerte que tus brazos. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez sin saber hacia dónde ir? Mirando un camino y después otro, sintiendo que cualquier decisión pesa demasiado. Dicen que «querer es poder». Es una frase bonita. Da esperanza. Pero también puede convertirse en una carga para quien lo está dando todo y, aun así, no puede más. Porque querer y poder no siempre son la misma cosa. Se puede querer vivir y estar roto por dentro. Se puede querer olvidar y que el dolor siga aferrado al alma. Se puede querer levantarse y que el cuerpo o las circunstancias no respondan. Cuando confundimos el deseo con la capacidad, corremos el riesgo de juzgar a quien está librando una batalla que no vemos. Quizá habría que cambiar esa frase por otra más humana: «Querer es el principio, pero no siempre basta para poder». A veces, para poder, hace falta tiempo. Hace falta una mano tendida, una p...

deriva

Una vida a la deriva ¿Quién no ha estado alguna vez en una situación en la que no sabe hacia dónde tirar? Hay momentos en los que el querer y el poder caminan por caminos opuestos. Deseas avanzar, cambiar, luchar... pero las fuerzas, las circunstancias o la propia vida te lo ponen cuesta arriba. Entonces aparecen quienes, con la mejor intención, te dicen: "Querer es poder." Y tú no puedes evitar pensar que esa frase debería ir entre comillas. Porque no siempre es verdad. Hay ocasiones en las que querer no 

vida a la deriva

Una vida a la deriva ¿Quién no ha estado alguna vez en una situación en la que no sabe hacia dónde tirar? Hay momentos en los que el querer y el poder caminan por caminos opuestos. Deseas avanzar, cambiar, luchar... pero las fuerzas, las circunstancias o la propia vida te lo ponen cuesta arriba. Entonces aparecen quienes, con la mejor intención, te dicen: "Querer es poder." Y tú no puedes evitar pensar que esa frase debería ir entre comillas. Porque no siempre es verdad. Hay ocasiones en las que querer no basta. Hay heridas que necesitan tiempo, cargas demasiado pesadas y batallas que no se ganan solo con voluntad. Querer ayuda. Da esperanza. Empuja a seguir. Pero también hace falta poder, tener oportunidades, apoyo y, a veces, simplemente un respiro para volver a levantarse. Por eso, cuando alguien me dice: "Querer es poder", yo respondo en silencio: pongámoslo entre comillas, porque la vida es mucho más compleja que una frase hecha.