Facebook


A veces me pregunto en qué momento la amargura empezó a ocupar tanto espacio. Abro Facebook y, una publicación tras otra, aparecen reproches, insultos disfrazados de frases ingeniosas y mensajes cargados de negatividad: «si mientes», «cabeza hueca», «querer y no poder»... Como si el mundo hubiera olvidado que también existen la ternura, el humor y la belleza.
Yo prefiero las cosas bonitas, las que arrancan una sonrisa o despiertan una ilusión. Prefiero una fotografía de un amanecer, una historia que emocione, una canción que acaricie el alma... y, por qué no admitirlo, también esas publicaciones con un toque picante que hacen reír y recuerdan que la vida no tiene por qué ser tan seria.
Ya hay demasiadas sombras ahí fuera como para buscarlas también en una pantalla. Si puedo elegir, me quedo con aquello que ilumina el día, que invita a vivir y que, aunque sea por un instante, hace más ligero el corazón.

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